Posteado por: Fenix | 14 febrero 2010

New Game, New Age

Otra pausa larga en la escritura del blog, un examen importante, una semana convaleciente. No puedo explicar con exactitud qué ha pasado desde la última vez que publiqué algo en este blog, pero algo ha cambiado.

Miro las entradas anteriores y encuentro estúpidas muchas de ellas, otras tan vacías de contenido sustancial que parecen escritas por alguien de una edad mental bastante inferior; otras están bien, me reconozco en ellas.

No sé si he vuelto a los orígenes, antes de que los acontecimientos llenaran mi cabeza de caos y sinsentido, o ha nacido en mí algo nuevo que no había descubierto, una serenidad y una claridad de ideas reconfortante, y no me refiero al sentido material de las cosas o a la carrera profesional. Es una forma de ver el mundo, lo que nos rodea, lo que ES, una forma de enfocar el pensamiento y las relaciones con las personas, y entre éstas y el mundo; de empatizar sin perder la propia perspectiva, de definir ideas y conceptos.

Siento tranquilidad, paz de espíritu, voluntad férrea, paciencia, seguridad, tolerancia a la frustración. Me siento francamente bien.

Creo que sé de dos cosas que han influido, aunque no sé si aisladas o en conjunto con algún elemento más que desconozco: una, la semana enferma, hacía años que no pillaba un virus tan fuerte, con unas convulsiones tan violentas y el agotamiento febril. Un tiempo de resistir estoicamente, de autocontrolar y sentir el cuerpo (rechazo casi siempre los remedios químicos), cada una de sus partes y órganos, cada movimiento interno y externo, localizar cada punzada de dolor. El ayuno, que acaba en ausencia de hambre. El tiempo con uno mismo, sin poder leer, salir o mirar una pantalla, pensando, sin interferencias externas de medios o amistades. Tomar conciencia del yo, reencontrarte.

Después de esos días mi apetito es frugal, ya no me atiborro ni me tientan los productos industriales destinados a ello, dejo elegir a mi cuerpo lo que me pide sabiamente en cada momento, “escuchando” con atención; me encuentro calmada y serena, con plena consciencia de todo y sin distracciones superficiales. Eso no significa que haya perdido el gusto por la diversión, pero veo que calibro mejor el alcance y las consecuencias de todo, sin perder de vista el por qué. A veces hacemos cosas por inercia.

También me he dado cuenta ahora más que nunca quejarse me parece una pérdida de tiempo en mí y en los demás, si algo tiene solución no hay que parar hasta encontrarla y si no la tiene, aceptar lo ocurrido porque es así, y nada podemos hacer por cambiarlo, sin abandonarnos a la rabia y al dolor.

He descubierto que puedo controlar las emociones mucho mejor de lo que pensaba, las positivas y las negativas, dando el punto justo de relevancia e intensidad a cada una de ellas, y sabiendo cuándo no lo estoy consiguiendo, para poder arreglarlo. Recuerdo las enseñanzas filosóficas recibidas a lo largo de mi vida, desde Aristóteles hasta Ortega y Gasset, sus citas, frases y teorías vienen a la mente de forma literal y todas unidas tienen sentido, incluso las que aparentemente se contradicen.

Por supuesto todo esto no es resultado únicamente de una etapa de renovación física (perdí 5 kilos en 3 días como consecuencia del virus, y desde entonces hago ejercicio suave todas las mañanas) y espiritual, sino que justo y casualmente en los últimos días, cuando ya me estaba recuperando y andaba en cavilaciones existenciales, cayó en mi poder un librito viejo y destartalado que había sido de mi padre en su juventud, con las páginas amarillentas, titulado Siddharta. Para mí, como para muchos, esto no era más que un nombre oriental de discoteca fashion.

Pero Siddharta es una pequeña alegoría india sobre la búsqueda del sentido de la vida y de la búsqueda del YO, de la mano del joven hindú Siddharta, escrita por el premio nobel de literatura Hermann Hesse a principios del siglo XX.

Es una historia corta y muy sencilla de leer, escrita en un lenguaje simple y asequible pero con una intensidad poética y espiritual muy superiores a los de cualquier fábula corriente.

Realmente este libro es todo un gran descubrimiento y un fijo desde ya entre los favoritos de mi biblioteca. Si un libro que puede entretener y evadir es valioso, uno que inspira tal sabiduría y claridad de mente sin caer en un estilo farragoso es toda una joya.

Lo recomiendo encarecidamente porque aparte de ser la obra de un premio nobel, es una ayuda para el espíritu, para encontrar un camino quizá, para pensar aunque sea sólo un poquito y, seguro, para ser mejores personas.

Y termino tal como empecé hablando del blog, lo que quiero decir es que a partir de ahora quizá no publique muchas entradas, quizá pase mucho tiempo entre una y otra, pero creo que no os debe importar, porque cuando lo haga será porque me parezca algo interesante o como mínimo que no deje indiferente. Gracias a los lectores en esta nueva etapa del Vuelo del Fenix

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Respuestas

  1. De las entradas anteriores estaba pasando, de ésta no.Tengo Siddharta pendiente, me lo recomendó mi primo hace tiempo, ya sois dos.

    • Deja lo que sea que estés leyendo y cuando tengas dos ratitos más relajados, te lo lees, con tranquilidad. Verás qué bien sienta, sobre todo ahora que estás tan estresado

  2. Impactante la entrada, aunque demasiado teórica según mi parecer. Demasiado perfecta.
    Ya sabes, o sino lo sabes sólo tienes que hacerte la idea o preguntarme, de mi concepción de las cosas perfectas cuando se habla de un alguien.
    Creo que lo que consideras la Lorena de antes rozaba la pureza. Tu curiosidad, tu forma de dar valor a las cosas, tu característica forma de estar y ser en el mundo, el simple hecho de hacer llegar ese mundo al resto de personas, rozaba la perfección.
    Con ésto no quiero decir que no me parezca necesario o no me sienta feliz por tu bienestar, porque es algo que me alegra el día. Sólo espero que lo que eres no se quede en teorías.
    Sabes que te quiero y me encanta leerte con tanta convicción en tus palabras.
    Bienvenida de nuevo.

    • Tus palabras me ruborizan, una vez más, pero a ti y a cualquiera que lea esto le digo que soy plenamente consciente de estar bien lejos de la perfección. Ninguno de nosotros somos perfectos porque si no, ¿para qué estaríamos aquí, pasando por el mundo? Lo que sí es cierto es que unos se pierden en el camino y otros toman desvíos, se enrevesan, lo vuelven a encontrar. La cuestión es no perder el norte, como dice el título, ahora no de la obra de un premio nobel ni un filósofo, sino de un disco del grupo español La Caja de Pandora que me gusta escuchar.
      Qué alivio pensar que se ha retomado el camino correcto, por muchos miles de millones de años luz que queden aún por recorrer.

  3. te respondo por messenger… vale?


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